Mundo Humano

Una visión parcial y subjetiva de nuestro mundo por @jmgoig

Etiqueta: Política

No creo ni en la meritocracia ni en el gobierno de los mejores

No creo ni en la meritocracia ni en el gobierno de los mejores. No creo en la competición, sino en la colaboración.

Recordemos que “democracia” significa gobierno del pueblo. ¿Y quién es el pueblo? El pueblo somos todos. Lo más listos y los más tontos, los más altos y los más bajos, los más ricos y los más pobres, los que tienen la piel como la leche y los que tienen la piel como los bombones, y en medio un amalgama de colores que conforman la pluralidad. Esto es, el pueblo es pluralidad.

Y que haya un grupo que se haya otorgado la potestad de decidir quién merece o no ser representante del pueblo es una tergiversación de esta pluralidad del pueblo. Porque si hemos decidido que queremos democracia, no hay nada más que tener democracia. Y en una democracia real, el acceso del pueblo a la toma de decisiones no puede estar limitada en modo alguno.

Está claro que hay una corriente de pensamiento que llama a la democracia “dictadura de la mayoría”, que busca una especie de perfección en el gobierno que supuestamente sólo es alcanzada por una élite de los mejores. Sin embargo, chocamos con la irrealidad del concepto de perfección, de la quimera del no-error. Creo que ya podemos ser mayores y aceptar que somos humanos, que cometer errores es algo implícito a nosotros. Este concepto “los mejores”, de una falsa meritocracia, siempre ha favorecido a una cierta élite cerrada que han creado los baremos y se los han aplicado a ellos mismos. Qué casualidad.

Por otra parte, está esa manía de competir entre nosotros. Cuántos esfuerzos duplicados y malogrados, cuánta repetición de gente inventando la misma sopa de ajos. Competir es perder el tiempo si lo comparamos con el aprovechamiento de la colaboración. Dicen que cuatro ojos ven más que dos, y en política la competición por el mismo escaño hace que los políticos se preocupen más por los resultados electorales para mantenerse en el poder que por las necesidades reales de la gente que dicen representar; resultado: que ni dos ojos ven nada.

Por ello, abogar por una democracia directa es abogar por la colaboración de todos los ciudadanos; es abogar por un brainstorming de pensamientos que detecte qué puede ser mejor para la población en cada momento; es abogar por un sistema de detección de errores , pues si ninguna persona se siente excluida, puede expresar su opinión y apuntar errores que quizás otros no ven. Una ciudadanía en red es la mejor forma de equilibrar las necesidades individuales y colectivas.

Y así, todos aportando nuestros conocimientos y pareceres podríamos llegar a un punto que nos hiciera subir de nivel a toda la humanidad. Compartimos el mismo mundo, seamos como seamos, hayamos nacido donde hayamos nacido, hablemos como hablemos, todos respiramos el mismo aire, todos vamos igual de perdidos. Colaboremos y dejemos de lanzarnos piedras contra nuestros tejados. No es complicado, sólo debemos tener la voluntad de hacerlo. ¡Vamos!

España no puede ser ningún ejemplo de democracia modélica

(Recojo este artículo que escribí el 13 de abril de 2010, un año antes del 15M)

Tanto ejemplo de democracia que dábamos con nuestra módelica transición. Ahora que ha pasado el tiempo empieza a salir a la luz las cosas que siempre hemos sabido: que todo fue fachada.

La transición española fue modélica porque se hizo un pacto de silencio y de impedimento de condenar a los criminales de guerra. Se silenciaron los campos de trabajo y extrerminio, los fusilamientos políticos, los enfrentamientos bélicos en los Pirineos, las fosas comunes, el apoyo de facto a Hitler (por ejemplo, vendiéndole wolframio), el movimiento de poblaciones enteras, la pobreza extrema causada por el señoritismo, el secuestro y reprogramación de niños vendidos a familias adeptas al régimen, el analfabetismo inculcado de la población, la opresión violenta a los hablantes de otras lenguas peninsulares que no fuera el castellano, enormes catástrofes naturales con cientos de muertos… tantas cosas que se ocultaron que da realmente vergüenza la historia reciente.

Y nos encontramos que ha pasado una generación desde la creación de este nuevo régimen adaptado del anterior. Que estamos integrados en la UE, que nos creemos modernísmos y que al fin parece que hay alguien en la judicatura a quien le parece que ya ha pasado un tiempo extremadamente prudentísimo para aceptar la realidad de los hechos. Pero no, la mierda de siempre tiene todavía el suficiente poder para llevar a juicio al único juez con las ganas para esclarecer las cosas. En Sudamérica sí pueden condenar en persona a los criminales; en España se murieron en sus camas de viejos. Y aún así no hay forma…

Repito, es una auténtica vergüenza. Y que tomen nota y no se dejen engañar con nuestra apariencia las gentes de otros países: España no es ejemplo de nada más que de criminalidad consumada. Y eso, por ejemplo lo saben los dictadores árabes que viven aquí de fábula con los millones ensangrentados del petróleo, o los mafiosos italianos que llaman a la costa mediterránea “la costa nostra“.

Creo que ya es hora de que las generaciones más jóvenes empecemos a negarnos a continuar con esta farsa. Mañana es 14 de abril y muchos recordarán la efímera II República Española. Quizás en vez de recordad pasados mistificados, podríamos de una vez comenzar a diseñar un futuro país donde la injusticia social sea una frase escrita en los libros de historia. No lo dejemos para la generación siguiente.

La teoría del patio del colegio

Suelo explicar con esta teoría la existencia de los ejércitos y de las policías. Puedo equivocarme, pero no creo que vaya demasiado desencaminado. Aquí la escribo para la posteridad – o la caché de Google.

Imaginemos que estamos en un colegio a la hora del descanso del patio. Entre todos los niños corriendo, jugando y diviertiéndose, hay un grupo minoritario que se dedica a molestar a los demás compañeros. El profesor lleva tiempo sin conseguir que paren. Los ha regañado, los ha castigado, los ha amenazado, pero sin resultado.

Un día, se le ocurre una nueva estrategia. Ya no tienen nada que perder. Así que llama al cabecilla del grupo y le hace una propuesta: “Elige a tus amigos de tu grupo y encárgate de vigilar el patio mientras no estoy.” Y el niño, emocionado, acepta sin dudarlo. Ahora es el jefe del patio. Ahora es el encargado de hacer respetar las reglas. Y si otro niño molesta, él puede ejercer su autoridad sobre éste.

Y desde entonces, el profesor ya respira más tranquilo porque se le acabaron los problemas en el patio. Ha conseguido lo que parecía imposible y los niños se comportan correctamente gracias al temor que tienen al grupo que antes los había molestado. Ahora este grupo continúa molestándoles, pero ya no pueden quejarse al profesor porque ¡son los representantes del profesor!

Supongo que queda clara la intención de esta fábula, de esta “teoría del patio del colegio“. Esto es lo que sucede en nuestra realidad: las” fuerzas de seguridad del estado” son este grupo que controla el patio, que controla la calle; gentes del pueblo manejadas por el poder para controlar al propio pueblo.

Pero todavía hay más desviaciones del tema. Por ejemplo, nos encontramos también con partidos que pretenden cambiar las cosas desde dentro aceptando esas mismas reglas que pretenden cambiar. El sistema les da un tipo de estatutos piramidal con Presidente, Secretario General, Juntas Directivas, etc. Y aunque esos partidos pretenden ser asamblearios, los componentes de esos cargos acaban actuando como tales: con secretismos, luchas de poder, dedismo, etc. Y aparecen pretendientes a esos mismos cargos, con las consecuentes divisiones. Y así, el sistema se siente tranquilo y se dedica a sus cosas, habiendo amansado a sus amenazas potenciales.

Por ello, pienso que la única forma de cambiar un sistema es crear reglas nuevas y abandonar las antiguas. Y actuar como propuso Henry David Thoreau en su Desobediencia Civil. Mientras, seguiremos jugando al mismo juego pero con nuevas élites substitutorias de las anteriores.

Por lo tanto, esta “Teoría del Patio del Colegio” quedaría resumida en:

“En el caso de que hayan alborotadores en el patio del colegio, el profesor les nombrará vigilantes del patio, y así, ellos se encargarán de controlar al resto de los niños con más vehemencia que el propio profesor, rompiendo la unidad de los niños y dándole tiempo para realizar otras tareas más provechosas para él.”

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