Mundo Humano

Una visión parcial y subjetiva de nuestro mundo por @jmgoig

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Libia: Al menos los dictadores son sinceros

Esta pasada noche ha caído Trípoli en manos de los rebeldes. No se sabe en estos momentos qué ha pasado con su dictador, el coronel Muamar el Gadafi. Éste es el artículo que escribí el 21 de marzo de 201,1 cuando la revuelta armada acababa de comenzar, y en España el #15M era sólo el sueño de unos pocos:

Contra Franco vivíamos mejor.” Es muy posible que, si vives en España, hayas escuchado alguna vez esta frase de algún viejecito progre que en estos últimos 35 años ha acaparado todo cargo público que ha podido. Y es que una juventud llena de emociones marcada por las carreras delante de los “grises” (la policía nacional española iba uniformada de gris en tiempos de la dictadura) es algo que les es imposible de olvidar. Y lo mistifican porque, en cambio, en el período actual todo es ambiguo: lo llaman democracia pero el pueblo no gobierna; lo llaman mercado libre pero está intervenido; lo llaman misión humanitaria pero muere gente. No hay nada en su sitio.

En cambio, en una dictadura todo está claro: los buenos y los malos están bien definidos. Porque, al menos, todos los dictadores son sinceros. Un dictador no oculta sus intenciones. Si decide hacer leyes injustas, todos saben cuáles son y sus consecuencias. Todo el mundo sabe que si las desobedecen serán torturados, o incluso fusilados. Si un dictador decide crear una guerra para anexionarse al país vecino y quedarse con su petróleo, no lo ocultará. Si los familiares de un dictador dominan las grandes empresas del país, se jactarán de ello. Si el hijo de un dictador decide comprarse un yate que vale más que todo el presupuesto de educación del país, sencillamente lo hará. Y si el pueblo se siente demasiado oprimido y decide rebelarse, sabrá exactamente contra quiénes dirigir su ira. Y punto. Todo claro: es la máxima transparencia.

Un buen ejemplo de lo anterior es esta nueva guerra de Libia. Tenemos un dictador que lleva 40 años en el cargo: Muamar el Gadafi, al cual se le ha rebelado una parte de la población. Esta revuelta, aunque en un principio parecía un calco de las recientes de Túnez y Egipto, al pasar las semanas ya no parecía tan clara. Luego, tenemos que como los países occidentales han apoyado la revuelta, el dictador les ha amenazado con vender el petróleo a India y China y no a ellos. Eso, por supuesto, ha indignado a las esferas económicas de Europa y EEUU, pero como se llaman democracias, no pueden justificar una invasión diciendo: “vamos a recuperar nuestro petróleo.”

Así que han esperado un tiempo hasta que las tropas leales a Gadafi estaban a punto de derrotar a las rebeldes. Han mostrado a las poblaciones occidentales las matanzas con todo lujo de detalles, que como en todo conflicto las ha habido; y en cuestión de horas han conseguido un mandato de la ONU, sin apenas oposición, puesto que el resto de gobiernos de países árabes están pendientes de sus propios problemas internos, qué casualidad. Seguidamente, han reunido rápidamente una coalición de ejércitos y hala, a la guerra en “misión humanitaria.”

La revista Time publica, en su edición impresa del 21 de marzo de este año, una frase que le grabaron, sin que se diera cuenta de que los micros estaban conectados, al general David Petraeus dirigiéndose al Secretario de Defensa de lo EEUU, Robert Gates, en su última visita a Afghanistán: “Bienvenido, señor… Volando en un avioncito más grande de los normal. ¿Va a lanzar algún ataque sobre Libia o algo así?” Como que no se sabía, ¿eh?

Ciertamente, parece paradójico, pero los gobiernos de las democracias toman a su población por tonta. Mantienen sus acciones en el más puro estilo mentiroso, falaz y manipulador. Ya lo escribió Edward Bernays en su libro Propaganda, publicado en 1928: “El buen gobierno puede ser vendido a una comunidad como cualquier otra mercancía que se pueda vender.” De verdad, ésta es la elección que nos dejan: democracias mentirosas o dictaduras sinceras. Quizás hay que comenzar a pensar ya en una tercera vía. No va más.

El patrón persona

La desaparición del patrón oro

En 1971 el presidente de los EE.UU., Richard Nixon, abolíó el patrón oro y dió origen a uno de los períodos inflacionarios más acuciantes de la historia mundial. Además, culminó el plan de a creación de la Reserva Federal, que unos pocos banqueros crearon allá en 1913 en Isla de Jekyll, con el pistoletazo de salida a la    fabricación de dinero 100% fiduciario. Vamos, que su valor es igual al dinero del juego Monopoly.

El proceso del reparto del dinero recorre una pirámide desde la punta hacia abajo, y mediante los impuestos y la inflación, este dinero es devuelto de abajo hacia arriba. Así están las cosas actualmente, y este sistema es la fuente de la pobreza extrema de la mayoría de la población en todo el mundo.

Hay que decir que aunque este proceso también existía en los tiempos del patrón oro, el hecho de que este patrón creara un límite a la fabricación de dinero, establecía también un límite a las locuras económicas que las élites podían inventarse. Cuando cayó el patrón oro, la población de las clases medias y bajas no fueron conscientes de los peligros que se avecinaban. Sin embargo, un par de años después subió el petróleo y se disparó la inflación. Por supuesto, los gobiernos occidentales culparon a los países productores de petróleo, pero en realidad no fue así: las élites económicas tenían ya barra libre en el sistema.

En otro artículo escribí: mientras la sociedad esté montada de manera piramidal, dará igual el sistema económico que se aplique porque los de abajo lo sufrirán siempre. Por lo tanto, y si nos preguntáramos…

¿Qué es la vida humana realmente?

Pienso que el dinero es un buen invento. Nos permite no ir por la calle con una vaca para cambiarla por tres carneros. El problema no está en el concepto en sí, sinó en cómo los usamos los seres humanos. Cómo hemos creado unos valores a su alrededor que permiten que no importe que muera gente si eso da beneficios a las grandes empresas.

El modelo neoliberal dicta que cada uno se las apañe como sepa y pueda, es decir, aquello de “no regales pescado, sinó enseña a pescar”. Cosa que veo bien si no se hubieran pervertido las reglas del capitalismo; en realidad este modelo neoliberal  defiende una oligarquía que concentra la mayoría del dinero que se crea en el mundo. Y puesto que a la población se le educa para obedecer y aceptar los valores asociados a la acumulación del dinero, esta acumulación les otorga poder y manejan a los gobiernos, democráticos o no, a su antojo.

Existe la idea de que una persona tiene éxito en su vida si obtiene riquezas materiales. Pero parémonos a pensar un momento, ¿qué diferencia hay realmente entre un banquero de Wall Street que muere a los 70 y una persona que vive en una montaña contemplando el cielo y muere a los 70? ¿Quién ha tenido mejor calidad de vida realmente si ambos mueren a la misma edad? Como se titulaba la excelente película de Frank Capra: “You can’t take it with you“(No te lo puedes llevar contigo).

Sociedad en red

Tengo esta idea casi subversiva de que todos los seres humanos somos iguales. De que desde que nacemos hasta que morimos todos merecemos vivir una vida digna acorde a nuestras ideas, y desarrollar al máximo nuestras capacidades. De que nadie es más importante que otro por acumular bienes materiales, y que la vida es igual de importante para todos.

Así que imaginemos por un momento…

Imaginemos que la producción de dinero dependiera de la cantidad de seres humanos que habitan en la Tierra en cada momento. Que el dinero no se repartiera desde la cúpula hacia abajo, sinó que no hubiera cúpula sinó una red al mismo nivel. Que todos tuviéramos un mínimo desde nuestro naciemiento hasta nuestra muerte.

Ese dinero necesario, lo crearíamos todos y cada uno de nosotros en función de nuestras necesidades, el lugar en el que vivamos, etc. Dejarían de haber bancos centrales. Y el dinero ya no estaría controlado por unos pocos. La economía funcionaría relamente dependiendo de todos y cada uno de nosotros, que seríamos los nodos de la red económica mundial.

Por ejemplo que, simplemente por el hecho de existir, cada ser humano dispusiera de la cantidad necesaria para no tener que preocuparse ni por guarecerse, ni por su alimentación, y ni por algunas de sus vanidades. En este ambiente, no dejarían de haber ricos ni capitalismo, pues los más habilidosos e inteligentes seguirían creando empresas de bienes materiales, pero la pobreza dejaría de ser material, y pasaría a ser sólo intelectual. Es decir, que aplicáramos un “patrón persona” económico.

En fin, que es una propuesta…

Bien, es una idea a desarrollar más profundamente, y estoy seguro de que nada original. Por supuesto, contraria al darwinismo social y económico. Y no es meramente un sustento mínimo subvencionado por el estado, porque podrían no haber estados. No obstante, creo profundamente que las personas estamos antes que la economía, pero que la economía es esencial para el desarrollo de nuestra sociedad. Sólo que los valores asociados a ella tienen que cambiar irremediablemente para que nuestra sociedad humana no colapse. Si de verdad nos creemos seres inteligentes, seguro que antes o después encontremos el camino. Espero que no sea ya demasiado tarde.

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