Mundo Humano

Una visión parcial y subjetiva de nuestro mundo por @jmgoig

Etiqueta: crisis

Con las cartas marcadas, no hay juego

Hace un par de días visité a mis tíos en Sant Cugat del Vallés. En una larga conversación sobre la situación actual, mi tío político nos contó cómo se fue de casa a los 16 años, las pasó muy mal, pero esforzándose y trabajando duro consiguió que a los 23-24 años, cuando se casó, ya tenía su piso pagado. En aquella época, los años 70 del pasado siglo, la frase tradicionalista católica de “dios aprieta, pero no ahoga“, era cierta. Hace tiempo que ya no lo es.

Imaginemos ahora a un adolescente de 16 años que se va de casa. ¿Conseguiría ahora lo mismo que consiguió mi tío? No tengo ninguna duda de que no.

En esta sociedad piramidal, la carrera de la vida comienza con unos pocos con miles de kilómetros de ventaja, y con facilidades, respecto a la mayoría. No es de extrañar que mucha gente que inicia su vida con ilusión, al cabo del tiempo se sientan derrotados, sin ganas de continuar viviendo; son esos rostros con arrugas y con una mirada perdida llena de amargura que dice: “una oportunidad, si sólo hubiera tenido una oportunidad en esta vida“.

Hay un discurso que dice que todo depende de nosotros, que nuestro destino depende de nuestras acciones, que hay que pensar positivamente cada día para conseguir nuestros objetivos. Supongo que si nuestro objetivo es vivir en la miseria, es cierto. Sin embargo, esta sociedad está diseñada para que laescalera social no funcione. Los obstáculos son tan numerosos para los que han tenido el infortunio de haber nacido en la clase baja, que aquél que consigue sobrevivir con desahogo es malmirado y envidiado por sus congéneres: seguro que ha cometido algún crimen.

Porque con las cartas marcadas, no hay juego. Las reglas, leyes, están creadas por unos pocos en su propio beneficio. Por ello ¿quién querría jugar a un juego sabiendo que parte con desventaja y que tiene el 100% de posibilidades de perder? ¿Quién en su sano juicio se dedicaría a esforzarse para no obtener ninguna recompensa de su trabajo? ¿De qué sirve obedecer unas reglas que no son aplicadas para los que las crean?

Al menos, en el pasado había un resquicio; el control no era absoluto y quedaba espacio por el que respirar. Las cartas estaban igualmente marcadas, pero incluso así quedaba alguna posibilidad de ganar. Ahora nos encontramos que ya no nos queda nada. Nada. NADA.

Es un contrasentido pensar que esos señores que fabrican el dinero y obligan a los demás coaccionado y diciendo que el suyo es el legal, y que ahora lo están retirando para destruir las vidas de una mayoría de la población indefensa y programada en la ignorancia, van a solucionar los problemas que han causado. No es su intención en absoluto, sinó todo la contraria. En esta situación en la que no se puede ganar sólo hay una salida: no jugar y desobedecer las reglas que han marcado las cartas, y crear una nueva partida con unas nuevas reglas.

No va más, hagan juego, señores.

El #15M es una oportunidad que no podemos dejar escapar

Ahí está el europarlamentario Daniel Cohn-Bendit dejando al descubierto algunas claves de cómo la Unión Europea ha tratado la crisis en Grecia. Impagable.

La respuesta ciudadana en España tardó pero está para quedarse.

España, ¿por suerte?, no está todavía en el agujero en el que se halla lamentablemente Grecia. Pero está al límite. Sólo los muy acérrimos encargados de crear la propaganda oficial pueden llegar a creer lo contrario. Por eso, a partir de las manifestaciones del pasado #15M, y sus repercusiones asamblearias posteriores, la ciudadanía se puso en pie para intentar parar la caída al precipicio.

Este movimiento, por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario, unos para contrarrestarlo y otros por pura desinformación, es apartidista. ¿Qué quiere decir esto? Que no apoya ni pretende recibir apoyos de los partidos políticos. Pese a ello, es obvio que en sus filas hay gente afiliada a partidos, como también hay creyentes y no creyentes en las religiones, pero a título personal.

¿Y por qué se puntualiza tanto este hecho? Porque para realizar un profundo cambio en el sistema político y social de un estado no basta con un unos pocos que quieran, es necesario un amplio apoyo y consenso de la mayoría de los ciudadanos. Es básico que la mayoría de la población se sienta integrada, que hayan de los llamados radicales y de los llamados moderados, de los llamados de izquierda y de los llamados de derechas. Y por ello el recorrido es largo, no se puede cambiar la dirección de 35 años de inercia en apenas dos meses.

Sin embargo, las apariencias han decepcionado a bastantes.

De vez en cuando me encuentro inmerso en conversaciones, sobre todo en Twitter, con personas del apartado de las desinformadas. Personas que están de acuerdo con que hay que mejorar la democracia, el funcionamiento de la administración, el sistema electoral, un mayor control de los mercados… pero que no les gusta en absoluto lo que ven y escuchan sobre el movimiuento del #15M. Y no les culpo, la terminología: colectivos, asambleas, manifestaciones, concentración, marcha, etc, son palabras de la izquierda, más acostumbrada a este tipo de concentraciones.

En estos casos, les explico que tras este movimiento hay un abanico muy amplio de personas. Hay también empresarios hartos con el funcionamiento de las cosas, que de ninguna forma abandonarían el capitalismo. Pero el problema es que esto que sufrimos ahora no es capitalismo. Hay una oligarquía que restringe nuestras libertades para emprender. Y este sistema político, en connivencia con dicha oligarquía, no es un sistema democrático. Está dirigido desde arriba y las elecciones sólo son apariencia.

Y el mal llamado estado del bienestar sólo ha sido un espejismo. Observemos qué fácil ha sido desmoronarlo, y qué cantidad de ciudadanos se han quedado fuera de un día para otro: 5 millones de parados en España se dice pronto. En realidad, mientras la sociedad esté montada de manera piramidal, dará igual el sistema económico que se aplique porque los de abajo lo sufrirán siempre. Primero es la igualdad de oportunidades, la libertad y la justicia social; y después llega el resto.

Pese a todos los obstáculos, estamos ante una oportunidad única que no podemos dejar escapar.

Y es por ello que intento esforzarme en acercar posturas, en escribir artículos como éste, en mantener largas conversaciones que se pierden en mi TL en Twitter. Porque es algo que tengo clarísimo: por fin ha llegado el momento de que las peticiones de la ciudadanía no caigan en saco roto; por fin entre todos podemos comenzar a ver la luz al fondo del túnel. Hay que ser constantes, dejar de lado las divergencias, que más que nada han sido prefabricadas para dividirnos, y crear nuestro propio camino. Porque hemos estado esperando durante demasiado tiempo a que nuestros “líderes” hicieran lo pasos correctos, y la experiencia nos ha demostrado que están muy cómodos como están y que no tienen ninguna intención de hacerlo.

Es nuestra oportunidad, la hemos creado entre todos, mimémosla y no la dejemos escapar. La merecemos.

No es una crisis, es una estafa: las evidencias siempre estuvieron ahí

Nadie se traga ya que la crisis fuera una sorpresa

En 2006, cuando el crecimiento económico aún parecía imparable para el común de los mortales, apareció un libro titulado “Why We Want You To Be Rich (Queremos Que Seas Rico)“, coescrito por el billonario Donald Trump y el escritor de éxito, y millonario, Robert Kiyosaki. Ya en la introducción, justo al principio, aparece una cita del ex-presidente de la Reserva Federal de los EE.UU., Alan Greenspan, que advertía:

“Como he dicho a menudo, éste no es el tipo de cosa que una sociedad democrática, una sociedad democrática y capitalista, puede realmente aceptar sin hacer nada.” Y continuó explicando como la brecha de los ingresos entre los ricos y el resto de la población de los EE.UU. se ha hecho tan amplia, y está creciendo tan rápida, que podría, eventualmente, amenazar la estabilidad del propio capitalismo democrático.

Por supuesto, ahí entraba el negocio del libro: la respuesta no es buscar una sociedad más justa, sinó enseñar economía financiera para que el lector pudiera ser también millonario y evitar así sufrir el futuro catastrófico que se avecinaba. Pero el caso es que la gente que formaba parte de las élites, o estaba en contacto con ellas, ya tenía muy claro lo inevitable. Mientras, todos los demás, en los países llamados desarrollados, estábamos disfrutando de la burbuja infinita…

Es tan sólo una desaceleración temporal de la economía, dijeron

El caso de España, es un ejemplo paradigmático. La crisis, que salió a la luz en el 2007, fue negada tajantemente por el gobierno mientras toda la población veía atónita a la economía caerse a trozos. Y no se pronunció oficialmente la palabra crisis hasta después de las elecciones del 2008, que volvió a ganar el partido en el poder. Se aseguraron sus puestos, misión cumplida.

Pero esa negación de la crisis no fue sólo para mantener tranquila a la infeliz población, sinó para dar tiempo a las élites amigas del poder a posicionarse en ella y así conseguir obtener parte de los grandes beneficios del traspaso de riqueza de pobres a ricos. Era realmente patético escuchar a supuestos analistas económicos, y mediáticos, hablar de “una pronta recuperación” y de “brotes verdes“. Todo patrañas encaminadas a ocultar la verdad, como suele ocurrir.

Volviendo al libro, se puede leer respecto a la clase política:

“No esperéis que vuestros funcionarios políticos y gubernamentales os provean de soluciones. No penséis que tenéis derecho a una vida segura, próspera y saludable.”

Un claro ejemplo descriptivo de la realidad, pese a quien pese.

La sociedad está tocada

La auténtica desestabilización de la sociedad no viene sólo por la diferencia entre ricos y pobres, sinó por la continua reducción de la clase media. Gran parte de la clase media está desapareciendo y convirtiéndose también en clase pobre. Y es ahí donde está el peligro. Cuando una sociedad carece de una amplia clase media ya no se puede llamar sociedad desarrollada. Y puede ocurrir cualquier cosa.

Otro síntoma que tenemos en la calle es la aparición como las setas de tiendas de compra de oro. Nadie sabe de dónde han salido, pero lo que está claro, y que se aprende de toda gran crisis, es que cuando la moneda en circulación deja de tener valor, el único recurso disponible de intercambio monetario es el oro. Y el objetivo de estas tiendas es aprovecharse de la ignorancia de la gente en estos temas económicos, y arrancarles la mayor cantidad de oro posible para dejarlos indefensos. Quién puede creerse que sea una casualidad.

La pregunta entonces es: ¿es tan sólo una estafa o hay algo más detrás?

Durante años se han podido escuchar y leer advertencias sobre el establecimiento de un nuevo feudalismo global; sobre la imparable creación de un nuevo orden mundial gobernado por una minoría. Pero pocos escucharon porque los indicios no estaban nada claros, y el encubrimiento era total. No es por nada que se bajó el nivel educativo, que los medios de comunicación se convirtieron en meros sistemas de entretenimiento… Entretener a la población para que ignorara la realidad. Todo se puso en funcionamiento, y la propia inercia lo hizo rodar.

A estos agoreros que intentaban hacernos ver que esta situación iba a pasar, porque describían los movimientos e intenciones de la clase pudiente, se les llamó charlatanes, conspiranóicos y se les insultó por activa y por pasiva. Sin embargo, teniendo en cuenta los acontecimientos reales que están ocurriendo, sólo la explicación de estos agoreros parece adaptarse a ellos. La versión oficialista es un cuento de hadas infumable. Y mucha población está por fin dándose cuenta. Esperemos que no sea ya demasiado tarde.

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